Nos pilla este otro histórico número (pocas revistas musicales en todo el mercado iberoamericano han llegado a tan envidiable cifra) en plena batalla de un año increíble de conciertos, y encima en Agosto, cuando preparamos el Festianuario, la Rock Estatal, otro Especial y los números mensuales con el trasiego propio de las fechas, en las que no paramos de un sitio para otro, de país en país, de festival en festival.
Todo por el afán de siempre de contarlo todo y en primera línea, con la consigna de seguir haciendo periodismo musical vivo, que es lo que nos mantiene en la preferencia de los que cada mes sueltan la pasta en el kiosco y nos permite seguir líderes en este segmento donde cada vez se refugian más cretinos entre el comercio y la información camuflada.
Hemos metido más páginas, un CD -a pesar de lo caros que se han puesto por el afán recaudatorio de la SGAE, que pensamos debería aflojar por cuanto la mayoría de los artistas que incluimos no tienen casi ningún circuito de promoción y nuestros editores sólo cargan el coste de fabricación- y el reportaje con Biff y sus peripecias que contamos más adelante.
Un Byford radiante por habernos acordado de él y preferirlo antes que a cualquiera de las rutilantes estrellas que ocupan nuestras portadas habitualmente, por clamor mayoritario de los que nos leen; todo hay que decirlo.
Gracias a: los lectores de siempre y a los nuevos que nos descubren y nos hacen seguir creciendo; los anunciantes, pues vivimos de las ventas y la publicidad sin ningún tipo de subvención cultural de las que se reparten los de siempre; y sobre todo a los que hacen la música y la ponen en la calle, a los miles que siguen peleando desde los locales de ensayo y los conciertos por que esto no muera como quieren los oligarcas reinantes.
Estamos en el mismo barco y más fuertes que nunca. Contra más marginan el movimiento más se refuerza, con multitud de bandas y solistas que reivindican otras músicas y otras formas de vida más allá de lo que el poder les quiere hacer tragar.
Ante el “sí boana” colectivo siguen clamando por decir no a lo que no les gusta desde los grandes o pequeños escenarios. Nosotros sólo pretendemos seguir dando fe de ello. 300 no es nada más que una cifra. Todo lo que hay detrás es la complicidad que nos mantiene unidos a vosotros, lectores del alma.